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Por Enrique Campos Suárez

Miércoles 20 de noviembre de 2013

 

La llave del crédito se cerró en 1994. Cuando en diciembre de 1994 estalló la crisis financiera, con todo y quiebra bancaria, no fuimos pocos los que nos quedamos atrapados en el sueño del primer mundo con créditos que se volvieron impagables.Todo se descompuso: tipo de cambio, inflación, tasas de interés, crecimiento económico, todo. En 1995 fue prácticamente imposible pagar las deudas sin una reestructura de por medio.La realidad es que la mayoría perdió la casa, el coche y, con ellos, la sensación de seguridad.

 

Ante esa desgracia nacional, con esos serios tintes de tragedia individual, se comprendía la creación de organizaciones de deudores que buscaban salvar su patrimonio. Fue una presión lo suficientemente fuerte como para crear instrumentos de refinanciamiento que permitieran rescatar algo de todo lo perdido.No obstante, a la par de esas organizaciones, crecieron muchos políticos abusivos que prometían a los acreditados que enfrentaban problemas de pago la posibilidad de no pagar por sus deudas a cambio de sumarse a su causa política.

 

Las personas perdieron, pero esos políticos crecieron. De esa figura de explotación social nació, por ejemplo, Gerardo Fernández Noroña.Junto con la oposición al Fobaproa se generó en ciertos grupos un sentimiento de tener una especie de derecho divino al crédito bancario, sin que, por el contrario, se tuviera la obligación de pagar.La llave del crédito se cerró por completo durante los años de la crisis y se mantuvo la astringencia crediticia durante lo que restó del siglo XX. Durante ese tiempo los bancos se recompusieron y las reglas se endurecieron. Eso permitió un destape crediticio junto con la estabilidad macroeconómica lograda por el gobierno de Ernesto Zedillo.Hoy, el Congreso ha aprobado una nueva generación de reglas para prestar dinero, entre otros elementos contenidos en la llamada reforma financiera. Porque —es un hecho— hoy hay préstamos en México, pero son caros y son pocos.Y es posible asegurar, como lo hacen muchos medios en sus editoriales de ocho columnas, que castigarán a deudores de la banca. Pero también es válido asegurar que se va a premiar a los clientes cumplidos del sistema financiero.

 

Se castigarán las prácticas abusivas tanto de los clientes como de las instituciones, lo que puede tener dos enfoques: uno que hable de la persecución de los morosos que pueden llegar hasta a la cárcel no por tener una deuda, sino por hacer lo posible para no pagarla; del otro lado, puede haber bancos que se quejen de dotar de dientes a una entidad burocrática como la Condusef.Pero otro enfoque puede hacer referencia a que, si los bancos recuperan más fácilmente sus garantías, deben bajar el costo financiero de sus productos. Así los clientes tienen más herramientas para defenderse de los abusos prevalecientes, lo que aumenta la confianza en el sistema financiero.Quien viva de no pagar sus deudas, o bien de apoyar políticamente esas prácticas, debe estar molesto con este paquete de modificaciones legales. Los demás pueden tener al menos la esperanza de que el crédito pudiera ser más barato y más accesible en el futuro.Haz clic aquí para agregar tu propio texto y edítame. Soy un lugar ideal para que cuentes una historia y permitas que tus usuarios conozcan un poco más sobre ti.

Pedir prestado para no pagar

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